CENICERO 3: CUBIERTA Y ENTREVISTA A MARC ARELLANO BARCELÓ

Se acerca el ecuador de abril, así que ya toca ir enseñando la cubierta del que será el tercer número del fanzine colaborativo CENICERO. Ese es uno de los motivos de esta entrada, pero el principal es hablaros de uno de los artistas más increíbles con los que me he topado en los últimos años: Marc Arellano Barceló. Creo que, en el terreno digital, la única forma de dar con él, es teniendo la suerte de acabar, por pura casualidad, en su inabarcable perfil de Instagram. Mi suerte llegó gracias a una historia publicada en dicha red social por el dibujante, músico y también pintor Oriol Roca (que, de paso, adelanto que participa en este número fanzine) hará un par de años.

Marc (Barcelona, 1970) padece de esquizofrenia y sufrió una lesión cerebral traumática a los 12 años de edad. Su creatividad, pero sobre todo su buen humor y energía, enseguida me hicieron pensar en uno de los familiares más queridos, graciosos y presentes que tengo en mi vida: mi tío Jose Antonio, que padece esquizofrenia paranoide. Mi admiración y cariño por él son la semilla para uno de los personajes recurrentes de mi fanzine TAZA DE HOJALATA, pero no nos desviemos… La inmersión que hice de la obra de Marc, vía Instagram, fue total y la verdad es que no tardé en encontrar un cuadro que me parecía perfecto para lo que significa el proyecto CENICERO.

Marc accedió inmediatamente a que usase su obra como cubierta para el fanzine, pero había un problema: esta era la mejor foto del cuadro de la que disponía, ya que este fue vendido hace tres o cuatro años a una amiga del artista. Su amiga trabajaba en una coctelería de temática tropical de Barcelona, hasta la que no dudé en desplazarme a investigar. Me confirmaron que ella había trabajado allí, así que les dejé mi contacto con la esperanza de que me escribiese. Y lo hizo. Pero, debido a una mudanza, le había perdido la pista al cuadro y, lamentablemente, a día de hoy, sigue desaparecido. Mi conclusión fue que este no debía de ser un motivo para no usar el cuadro del que me había enamorado como portada, así que, a pesar de no ser la versión con mejor calidad posible del mismo, esta será la cubierta del tercer número de CENICERO (con el título escrito a mano por el propio Marc, eso sí).

En cuanto a los participantes, os voy a dejar convivir un poquito más con la incertidumbre. Lo que sí que he querido hacer es aprovechar esta entrada para hacerle una pequeña entrevista a Marc, no sin antes animaros a seguirle, submergiros en su obra y, por qué no, comprarle cualquier pieza que os vuele la cabeza (que seguro que son muchas). Así que, sin más dilación, ahí va.

Marc, cuando entré por primera vez en tu perfil de Instagram, tuve la sensación de que llevabas décadas pintando y esculpiendo cada día de tu vida. ¿Cuándo empezaste?

— La pintura y la escultura son una gran pasión y virtud que tengo dentro, un don de pintor, dibujante y escultor. Nunca dejaré de pintar y moldear mis virguerías de esculturas y cerámicas. Nací en Barcelona el 5 de enero de 1970, vivo en Barcelona y moriré en Barcelona. Me gustaría mucho ser un artista, pintor, dibujante, escultor y ceramista reconocido y homenajeado. En 1982, cuando tenía 12 años, tuve una especie de perdida de conocimiento, un derrame cerebral muy leve. Toda la vida he tenido la mente ausente y vegetal, con la mirada perdida, por eso he tenido una vida compleja y difícil.

Una cosa que llama la atención de tus cuadros y esculturas es que algunos de ellos se pueden agrupar en estilos o temas comunes, como si perteneciesen a diversas etapas. ¿Cómo dirías que ha ido evolucionando tu estilo durante todos estos años?

— En febrero del 2001, cuando tenía 31 años, tuve la gran suerte y privilegio de desarrollar un estilo surrealista y expresionista, de caras y cuerpos alargados y distorsionados y paisajes deformados, de personas deformadas. Son cuadros muralistas, que parecen psicodélicos y no lo son: todo es fruto de mi imaginación creativa. Muchas veces me quejo de mis cosas y situaciones difíciles, pero de ser tan afortunado como pintor, dibujante y escultor, no puedo quejarme. Desde el 1984 hasta el febrero del 2001, pasé mucho tiempo estudiando cultura general por mi cuenta y haciendo esculturas pequeñas, en miniatura, maquetas para hacer esculturas grandes y cerámicas en el futuro. Me inspiro mucho en el arquitecto Gaudí y en el pintor Dalí, pero pasados por el filtro del interior de mi imaginación. Tengo una imaginación sin límites. Desde el julio del 2017, he ido a muchos bares y restaurantes a dibujar en mi bloc. Dibujo en el parque de la Ciutadella y, sobre todo, en casa.

Una cosa que me obsesionó desde que la vi son los cómics que dibujabas a principios de los ochenta. ¿Has seguido dibujando comic o lo dejaste completamente en favor de la pintura y la escultura?

— Entre los 10 y 13 años era dibujante de tebeos. A los 14, en 1984, empecé a ser pintor. Era un crío, hace muchos años que lo dejé para siempre.

El domingo pasado visité la exposición Chris Ware. Dibuixar és pensar en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Uno de los hallazgos de la exposición son los muñecos y maquetas que el propio autor fabrica para sí mismo, como una especie de expansión y manifestación tridimensional de su universo estético. Instantáneamente, pensé en que tus esculturas parecen tener, en parte, una función similar. ¿Son tus esculturas versiones tridimensionales de algunos de tus cuadros, las usas como modelo para pintar más cuadros o son obras totalmente independientes?

— Mis obras son muy independientes. Aunque algunos cuadros y esculturas se parecen, con estilos casi idénticos, son de épocas distintas.

Creo que tu obra tiene un potencial creativo y una pureza que no nacen de ningún lugar remotamente preocupado por el dinero o la fama que pudiesen generar su reconocimiento, pero al mismo tiempo, sé que (como a casi todos) te cuesta escapar a la frustración de la ausencia de estos. ¿Por qué crees que es importante seguir creando pese al estado aparentemente terminal del papel del arte en la actualidad?

— El 8 de agosto de 1992 cogí esquizofrenia. Pasé mucho tiempo con esquizofrenia. Llevaba 3 años enfermo, desde el 8 de agosto de 1992 hasta el 9 de junio de 1994. Pasé 3 años sin pintar ni dibujar, llorando, casi toda mi juventud sin tener novia, lleno de melancolía y depresión. Ahora soy un pintor muy desconocido, pero soy muy feliz. La vida es maravillosa. Mi numerosa familia me da mucha felicidad: mis amigas y amigos, camareras y camareros de toda Barcelona, y los compañeros y compañeras que he hecho en escuelas de arte y talleres de pintura, cerámica y escultura me han apoyado mucho y siempre me apoyarán.


Categorizado como

el